La Fotografía de Comunión como bien de consumo…o no?

diciembre 2, 2018 0 Por Juan Buades

Padres ilusionados, familias volcadas en uno de los días más importantes de la vida del niñ@.  Importante: no pueden faltar ni el restaurante para el banquete y mucho menos el reportaje fotográfico para recordar ese día.

Es evidente que ha cambiado mucho este tipo de fotografía en el que el niñ@ posaba de forma muy forzada, en un estudio, con artificios en el fondo…pero es lo que podíamos hacer con los medios que teníamos por aquel tiempo.

Con la fotografía digital ya cambió bastante, aunque no del todo, ni de golpe. Eso sí, ahora, con los equipos que tenemos (o deberíamos tener), los que nos dedicamos a esto tenemos casi infinitas posibilidades de potenciar nuestra creatividad. Otra cosa es que lo hagamos o no, pero no entro en ese campo minado.

Tan sólo quiero definir el tipo de cliente que estoy habituado a ver. Está el cliente que toma el reportaje como un bien de consumo. Y el cliente que toma el reportaje como algo único, con creatividad, viendo el lado artístico y emocional, y sobre todo, sabiendo que el fotógrafo es parte imprescindible de ello.

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En el primer caso, el cliente, que evidentemente no tiene porque saber de técnica fotográfica ni de iluminación, y mucho menos de técnicas de procesado, le da importancia a que su hij@ salga guap@, sonriente y que todo esté plasmado en un bonito álbum, y el precio influye. Esto es, un bien de consumo con un pobre y más que dudoso valor añadido.

En el segundo caso, el cliente no mira tanto el precio, contrasta más el tipo de fotografía y la visión que toma el fotógrafo en cada toma. Impera más la calidad artística que el precio. El álbum es secundario y, sin ser estrictamente necesario, toma menos importancia. No así la maquetación del mismo, pues no es lo mismo colocar las fotografías sobre un fondo blanco o negro, que traspasar la cretividad del reportaje a la maquetación del album, colocando cada foto, cada textura, donde corresponde, donde haga que cada lienzo sea único y el cliente esté deseando verlo de nuevo, y cada vez que lo haga descubra un detalle nuevo, y sobre todo que se emocione al ver a su hij@, independientemente del tiempo que transcurra.

Yo, para ser sincero, como comercial de la fotografía no tengo preferencias. Un cliente es un cliente. Y vivo de ello.

Pero como fotógrafo, me inclino de forma lógica sobre el segundo tipo de cliente, el que te da las gracias por el trato dispensado, el que valora la creatividad por encima del material que esté hecho el álbum, el cliente que sabe que has estado en contacto toda la sesión con el niñ@ y le has sacado lo mejor, el que te contrata porque sabe que no le vas a fallar y vas a dar todo porque el reportaje salga único, distinto, genial.

Llevo ya algunos años en esto y sigo disfrutando como el primer día, eso sí, con menos nervios. Me gusta conocer a mis clientes, abrir una enlace emocional, donde poder empatizar con ellos, sabiendo sus deseos y sus espectativas referente al reportaje. De esa forma, durante toda la sesión hasta la entrega del trabajo terminado, lo tomo como algo único, diferente al anterior. Pues cada familia es distinta, cada niñ@ es distinto.

No pretendo emitir juicios de valor. Ambos son totalmente válidos. Estamos en una economía basada en contenidos, los contenidos se compran, y hay clientes para todo. Todo es vendible. Ahora bien, no se puede diversificar demasiado, pues, por lo menos, por mi parte, perdería mi identidad.

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